El Dungeon Master, después de una espera razonable, empezaría a decir: "tres, dos, uno...". Y si el jugador no hiciera su declaración de intenciones, le espetaría: "tu personaje se queda bloqueado sin saber qué hacer".
Bueno, pues más o menos, así estoy yo ahora delante del monitor. Bloqueado. No sé muy bien lo que será ésto en el futuro. Ni siquiera sé si esto tendrá o no un futuro más allá de estas letras. Pero parto de un puñado de ideas, inconexas quizá, y de la firme determinación de que éste sea un espacio participativo, abierto a todos.

Bueno, pues más o menos, así estoy yo ahora delante del monitor. Bloqueado. No sé muy bien lo que será ésto en el futuro. Ni siquiera sé si esto tendrá o no un futuro más allá de estas letras. Pero parto de un puñado de ideas, inconexas quizá, y de la firme determinación de que éste sea un espacio participativo, abierto a todos.

Entre esas ideas se barajan cosas tales como transcribir las crónicas de Fulgencio Karx y, yendo más allá, intentar recomponer entre todos las vivencias de los Rainbow Warriors hasta donde alcance nuestra memoria. Para ello -ahí va otra idea- quizá sea útil ir publicando aquí mis apuntes de las aventuras que les he ido diseñando a lo largo de los años. Por último, quién sabe si no terminaremos dándole un giro literario a todo este material y escribiremos una saga de novelas sobre los Rainbow Warriors. O un cómic. O el guión de una película. Y tal, y tal.
Ya se verá. Hace falta tiempo, claro. Y tiempo es lo que no nos sobra. Pero tampoco tenemos prisa. Si hemos podido esperar ocho años para recuperar nuestra partida navideña, queda probado que paciencia no nos falta.